lunes, 21 de abril de 2014

UNA PUERTA AL FINAL DEL PASILLO VIII


Todo era extraño, era evidente que se estaba produciendo un cambio importante en mi vida.

Este año se cumplía también los 25 años de nuestro barrio. ¡ por fin terminábamos de pagar la casa!
Una casa de protección oficial que compramos en 1985. Yo tenía entonces 26 años y fue un sueño, poder conseguir una de aquellas casas.
Se estaba preparando una gran fiesta conmemorativa, y aunque hacia algunos años que ya no vivía allí ( aunque seguía siendo mi casa) me propusieron escribir un texto para el libro que se estaba creando. Sin dudarlo les dije que lo haría...también era mi barrio, también luché por conseguir mejoras y también fui presidenta durante dos años. Me sentí orgullosa de poder colaborar.
 Esto también era una ayuda para mí...dejaba de pensar que tenía cáncer.

El día 23 fue mi cumpleaños...fue increíble, cumplía 51 años y todos se acordaron de mí...mi hijo y su novia, mi hermano y mi cuñada, mis padres...y como no Joan, el no faltaba nunca...nada más abrir los ojos al despertar, no faltó su beso y su:
_¡Felicitats Teta...!
Y esperó hasta la noche para darme sus regalos. Siempre lo había hecho antes...él no tenía espera, unos días antes siempre me daba el regalo y solía dejarlo por algún lugar de la casa, y luego se marchaba, ( decía que no le gustaba estar presente cuando lo abría ) pero, esta vez fue distinto.
Lo hizo sin prisa, y después de cenar se levantó y dijo:
_ Voy a ver a Lasai (nuestro gato estaba herido de una pata) y subió con una bolsa grande, dentro había dos paquetes.
Primero abrí el más pequeño...era un conjunto de ropa interior... ¡precioso!
( suele tener muy buen gusto para estas cosas)
_¡Vaya..! - era un conjunto de color rosa y con estampado de rosas. No creo que él se diera cuenta al comprarlo...pero me pareció que era mucha casualidad, ya que el rosa es el color que simboliza al cáncer de mama.

No recuerdo bien si mis padres ya estaban disfrutando de sus vacaciones con el Imserso; siempre se marchaban 15 días, pero los únicos que lo sabían eran mi hermano, mi cuñada, la hija de Joan y mis compañeros de trabajo.
Yo seguía con mi vida como si no pasara nada...con la misma rutina de siempre pero, esta vez vivía con algo que no sabía como ni cuando iba a superarlo.
Sin embargo y a pesar de esa incertidumbre, en el fondo me sentía tranquila...mis padres estaban bien y se divertían. Y mi hijo, seguía con sus estudios.
Y ahora que sabía lo que tenía, pensaba en como se lo iba a decir a mis padres y a mi hijo.
Preferí no decir nada a mis padres y dejar que se marcharan ¿ por qué estropear sus vacaciones?.
Lo pensé y repensé, incluso cuando mi hermano me decía:
_ ¿No vas a contarles lo que te pasa ? Sabes que se van a enfadar cuando se enteren.
Dejé pasar los días, hasta encontrar el mejor momento para hacerlo. Pero, no podía...no podía decirles lo que tenía y pensé que cuando vinieran de vacaciones lo haría.
Recuerdo perfectamente como en esos 15 días que ellos estuvieron fuera, me di cuenta de que yo estaba realmente tranquila...ellos se estaban divirtiendo y yo...yo no me preocupaba por nada, sólo sabía que estaban bien.

Mientras, yo seguía escribiendo para el libro de mi barrio. Nos reunimos en el piso de un profesor ( un buen amigo al que siempre he apreciado y confiado ) para preparar el contenido del libro; estaba el presidente del barrio,y también un chico que siempre ha participado en las actividades del barrio.
Entonces les expliqué lo que me ocurría...quedaron parados, cuando vieron con que naturalidad y como si no me pasara nada les hablé de ello.
 No me parecía nada extraño el hecho de que yo hablase de mi cáncer...me pareció algo normal, no tenía porque ocultarlo (quizás, porque no quería que mis padres se enterasen) pero me limitaba mucho a quien sé lo contaba.

A medida que pasaban los días, yo me sentía más llena de vida...miraba a mi alrededor y todo parecía tener otro color. Había desaparecido el color gris que me envolvía...ese manto que me cubría desde que tenía uso de razón.

Suelo ser una mujer fuerte para el trabajo. Pero sin embargo, era muy sensible y débil emocionalmente...Me afectaba mucho las discusiones conyugales...me emocionaba al hablar y la mayoría de las veces no podía contener las lágrimas.
Durante muchos años permanecí callada...apenas hablaba con nadie, mi vida era un secreto que sólo yo guardaba...encerrada en mi misma y dedicándome completamente a mi hijo y a mi trabajo...esperando que mi vida cambiase y que el hombre que decía ser mi marido me hiciera sentir la mujer más feliz del mundo. 
No podía decir que mi vida durante veintidós años fue un infierno...no, no lo fue...simplemente yo existía poco, o no existía. Yo misma me creaba el infierno dentro de mi, pensando que mi vida podría a ver sido distinta, si no me hubiera casado con él...pensando que, tal vez otro hombre me hubiera dado el poco cariño que necesitaba...eso que no tiene precio...que no se paga con dinero pero, que tiene todo el valor del mundo, como es un beso porque sí, un abrazo cuando no lo esperas, un ¡te quiero...! ¡Oohh...pero que guapa estas...!!!.
Algunas personas me decían:
-Maite, tienes que tranquilizarte y cogerte la vida con más calma, porque te puede dar algo...todo esto no es bueno para tu salud.
Ellos notaban mi nerviosismo interno...mi extrema delgadez, me delataba...
Ellos veían mi exterior...pero no mi interior.
Mi lucha...mi locura interior sólo la conocía yo...